jueves, 11 de octubre de 2007

martes, 9 de octubre de 2007

MIRAD LOS GANSOS

El próximo otoño cuando veas los gansos dirigiéndose hacia el norte para el invierno, fijate que vuelan formando una "V". Tal vez te interese saber lo que la ciencia ha descubierto acerca del porqué vuelan en esa forma.
Se ha comprobado que, cuando cada pájaro bate sus alas, produce un movimiento en el aire que ayuda al pájaro que vuela detrás de él. Volando en "V" la banda completa, aumenta por lo menos un 71% más su poder que si cada pájaro volara solo.
Las personas que comparten una dirección en común y tienen sentido de comunidad pueden llegar a dónde desean más fácil y rápidamente porque van apoyándose mutuamente. Cada vez que un ganso sale de la formación, siente inmediatamente la resistencia del aire, se da cuanta de la dificultad de hacerlo solo y rápidamente regresa a su formación para beneficiarse del poder del compañero que va adelante. Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso, nos mantendríamos con aquellos que van en nuestra misma dirección.
Cuando el líder de los gansos se cansa, se pasa a uno de los puestos de atrás y otros gansos toman su lugar. Obtendremos mejores resultados si tomamos turno haciendo los trabajos más difíciles. Los gansos que van detrás gaznan (producen el sonido propio de ellos) para alentar a los que van adelante a mantener la velocidad. Una palabra de aliento produce grandes beneficios.
Finalmente cuando un ganso enferma o cae herido por un disparo, otros dos gansos salen de la formación y lo siguen para ayudarlo y protegerlo. Se quedan acompañándolo hasta que está nuevamente en condiciones de volar o hasta que muere, y solo entonces, los dos gansos acompañantes regresan a su bandada o se unen a otro grupo.
Si nosotros tuviéramos la inteligencia de un ganso, nos mantendríamos uno al lado del otro apoyándonos.

viernes, 5 de octubre de 2007


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Terraqueos

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Ante una auténtica crisis alimentaria global
por Jeremy Rifkin / publicado en El País

Los ministros de Agricultura de todo el mundo estarán reunidos en Roma desde hoy hasta el jueves con motivo de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación. El encuentro, promovido por la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se centrará en la grave cuestión de cómo alimentar a una población en aumento en el próximo siglo. En la cumbre habrá cientos de discursos y de talleres sobre cómo enfocar un desarrollo sostenible y poner algo de comida en las bocas de los cerca de mil millones de seres humanos que en la actualidad sufren de desnutrición. Sin embargo, más interesante que el orden del día será el propio menú. Tanto en las cenas oficiales como en las reuniones de las ONG se espera un elevado consumo de ternera y otras carnes. Y es aquí donde residen la contradicción y el reto al que se enfrentan los delegados, y el resto de nosotros, a la hora de estudiar cómo alimentar a nuestros semejantes.

Cientos de millones de personas en todo el mundo pasan hambre todos los días porque gran parte de la tierra arable se utiliza para cultivar cereales para piensos, para animales, en vez de cultivar cereales alimentarios para las personas. Y las vacas, los cerdos, los pollos y demás ganado alimentado con estos piensos son consumidos por los más ricos del planeta, mientras que los pobres se mueren de hambre. En el último medio siglo, nuestra sociedad global ha erigido una escala de proteínas mundial artificial, en la que el vacuno y otros animales alimentados a base de cereales se sitúan en el peldaño superior. Hoy en día, las poblaciones ricas, principalmente en Europa, Norteamérica y Japón, están encaramadas en lo más alto de esa cadena alimentaria, y devoran la riqueza del planeta. La transición que ha experimentado la agricultura mundial, de los cereales alimentarios a los cereales para pienso, supone una nueva forma de perversidad humana, cuyas consecuencias pueden ser mayores y más duraderas que cualquier otro ejemplo anterior de maldad infligida por el hombre a sus semejantes.

Actualmente, más del 70% de los cereales producidos en Estados Unidos se destina a la alimentación de ganado, la mayoría vacuno. Desgraciadamente, dentro de los animales domésticos, el ganado vacuno es uno de los transformadores de pienso más ineficaces. Son devoradores de energía y a menudo se les considera los 'Cadillacs' de los animales de granja. Hacen falta más de cuatro kilos de pienso para que un novillo de engorde gane cerca de medio kilo de peso. De estos cuatro kilos, '2,7 son piensos constituidos por cereales y subproductos y 1,3 kilos son forraje'. Esto significa que sólo el 11% del pienso se transforma en carne de vaca, y que el resto se quema como energía en el proceso de conversión, ya que se utiliza para mantener las funciones corporales normales o se excreta o absorbe en partes del animal que no se comen, como el pelo o los huesos.

Se calcula que cuando un novillo de engorde está listo para ir al matadero, habrá consumido más de 1.200 kilos de cereales y pesará alrededor de 470 kilos. Actualmente, en Estados Unidos se destinan 157 millones de toneladas métricas de cereales, legumbres y proteínas vegetales aptas para uso humano para alimentar al ganado que producirá los 28 millones de toneladas métricas de proteínas animales que consumen los seres humanos anualmente.

El vacuno y otros ganados devoran gran parte de los cereales cultivados en el mundo. Cabe destacar que éste es un fenómeno agrícola nuevo, distinto a todo lo que se ha experimentado anteriormente. Curiosamente, la transición del forraje al pienso se ha llevado a cabo sin apenas generar debate, a pesar de haber tenido un impacto más fuerte en las políticas de utilización de la tierra y de distribución de alimentos que cualquier otro factor en los tiempos modernos.

La demanda mundial de cereales-pienso sigue aumentando, pues las multinacionales persiguen aprovecharse de la demanda cárnica de los países ricos. Dos tercios de los incrementos en la producción de cereales en Estados Unidos y Europa entre 1950 y 1985, los años de la gran expansión de la agricultura, se destinaron a cereales-pienso, principalmente para vacuno.

En los países en desarrollo el tema de la reforma agraria ha aglutinado periódicamente a la población campesina y ha provocado levantamientos políticos populistas. No obstante, mientras la cuestión de la propiedad y control de la tierra ha sido un tema de gran importancia pública, el uso de la tierra ha tenido menor interés para el diálogo político. Aun así, la decisión de utilizar la tierra para crear una cadena alimentaria artificial, la más injusta en la historia, ha sumido en la miseria a cientos de millones de personas en el mundo. Es importante tener en cuenta que un acre [40,5 áreas] de cereales produce cinco veces más proteínas que un acre destinado a la producción de carne: cantidad que aumenta hasta diez veces en el caso de las legumbres (alubias, guisantes, lentejas) y hasta quince veces con las verduras de hoja.

Las empresas mundiales que fabrican las semillas, los productos químicos agrícolas y el ganado, y controlan los mataderos y los canales de marketing y distribución de carne de vacuno pretenden convencernos de las ventajas del ganado alimentado con pienso. Las campañas de publicidad y de ventas destinadas a los países en desarrollo no dudan en equiparar la carne alimentada a base de cereales con el prestigio de un país. Ascender en la 'escala de proteínas' se convierte en el listón del éxito que permite entrar a formar parte del club de élite de los productores situados en lo más alto de la cadena alimentaria mundial. Farm Journal, publicación estadounidense, refleja los prejuicios de la industria agrícola: 'Parece que el primer paso que debe dar todo país en desarrollo es aumentar y diversificar su oferta de carne. Todos empiezan creando instalaciones para la producción de huevos y carne de pollo: la forma más rápida y barata de producir proteínas no vegetales. Después, tan pronto como su economía se lo permite, suben la 'escala de proteínas' hasta llegar al cerdo, la leche y los productos lácteos, más adelante, al vacuno alimentado con pasto y, por último, si pueden, llegan al vacuno alimentado con cereales.

Animar a otros países a subir la escala de las proteínas redunda en beneficio de los agricultores y de la industria agrícola estadounidenses. Más de un estadounidense se sorprendería si supiera que dos tercios del cereal exportado por Estados Unidos se destina a alimentar ganado en vez de alimentar a gente que pasa hambre.

Muchos países en desarrollo subieron por la escala de proteínas en el momento álgido de la expansión agrícola, cuando la tecnología de la 'revolución verde' producía excedentes de cereal. En 1971 la Organización para la Agricultura y la Alimentación (FAO) sugirió pasarse al cultivo de grano grueso, que el ganado podía consumir con más facilidad. El gobierno estadounidense le dio un impulso adicional con su programa de ayudas externas, al vincular la ayuda alimentaria al desarrollo de mercados de cereales-pienso. Empresas como Ralston Purina y Cargill recibieron del gobierno préstamos a bajo interés para que abrieran instalaciones dedicadas a las aves de corral alimentadas con cereales en los países en desarrollo para, así, iniciarles en el ascenso por la escala de proteínas. Varios países siguieron el consejo de la FAO y han intentado mantenerse alto en la escala de proteínas incluso mucho después de que desaparecieran los excedentes de la revolución verde. La producción cárnica mundial se ha quintuplicado en los últimos 50 años.

La transición de la comida al pienso sigue en marcha en muchos países, sin visos de cambios a pesar de la creciente hambruna de una raza humana cada vez más desesperada. Las consecuencias humanas de esta transición quedaron dramáticamente reflejadas en 1984 en Etiopía, donde cada día morían de hambre miles de personas. La opinión pública no era consciente de que, al mismo tiempo, Etiopía estaba utilizando parte de su tierra agrícola para cultivar torta de linaza, de semillas de algodón y de colza y exportándolo como alimento de ganado al Reino Unido y a otros países europeos. Actualmente hay millones de acres de tierra en el tercer mundo que sólo se utilizan para producir piensos destinados al ganado europeo.

Es terrible que un 80% de los niños hambrientos en el mundo vivan en países con excedentes alimentarios, la mayoría en forma de piensos para animales que, a su vez, sólo serán consumidos por los más ricos. Hoy en día, un asombroso 36% del cereal mundial se destina a la alimentación de ganado. En los países en desarrollo la cuota de cereal para ganado se ha triplicado desde 1950 y sobrepasa el 21% del total de la producción de cereales. En China la cuota de cereal destinado al ganado se ha triplicado desde 1960, pasando del 8% al 26%. En México, la cuota ha aumentado en el mismo periodo del 5% al 45%, en Egipto del 3% al 31%, y en Tailandia del 1% al 30%.

La paradoja del sistema de producción alimentaria actual reside en que millones de consumidores ricos en el primer mundo fallecen por enfermedades relacionadas con la riqueza (enfermedades coronarias, infartos, diabetes y cáncer), provocadas porque se atiborran de ternera y otras carnes ricas en grasa alimentadas a base de cereales, mientras que en el tercer mundo la gente muere de enfermedades provocadas por la pobreza al negársele el acceso a la tierra para cultivar cereales con los que alimentar a sus familias.

Las estadísticas dan qué pensar. Se estima que 300.000 estadounidenses fallecen prematuramente cada año debido al exceso de peso, y estas cifras continúan aumentando. Según los expertos, si persiste esta tendencia, en pocos años morirán más estadounidenses debido a la obesidad que por el tabaco. Actualmente, el 61% de los estadounidenses adultos sufren de sobrepeso. Aunque se tiende a creer que sólo los estadounidenses están gordos, el hecho es que más de la mitad de la población adulta de entre 35 y 65 años en Europa también sufre del mismo problema. El exceso de peso afecta al 51% de la población del Reino Unido y al 50% de la población alemana. Y la cifra de obesos crece rápidamente en los países en desarrollo, en las capas más adineradas de la población. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la razón es 'la extendida adopción del estilo de vida basado en hamburguesas ricas en grasas'. La OMS informa de que, actualmente, el 18% de la población total mundial es obesa, prácticamente la misma cantidad de gente desnutrida.

Mientras los consumidores ricos comen, literalmente, hasta morir, con dietas en las que abundan las carnes grasas, cerca de 20 millones de personas mueren cada año en el mundo debido al hambre y a enfermedades con ella relacionadas. Se calcula que el hambre crónica contribuye al 60% de las muertes infantiles.

Son muchos los que consideran que el consumo de grandes cantidades de vacuno y otras carnes alimentadas con cereales es un derecho básico y un modo de vida. La otra cara de la cultura de la carne, en la que miles de desplazados buscan desesperadamente algo que llevarse a la boca, nunca sale a relucir ante la opinión pública. Los consumidores de carne de vaca en el primer mundo están tan alejados de la cara amarga del complejo cereales/carne que no saben o no les preocupa el modo en que sus preferencias dietéticas afectan las vidas de los demás y la política de otros países.

La cuestión es ésta. En la Cumbre Mundial sobre la Alimentación se hablará mucho sobre cómo aumentar la producción de alimentos. Sin duda, las empresas biotecnológicas estarán presentes haciendo propaganda de sus 'semillas milagrosas' modificadas genéticamente. Los países del G-7 y las ONG hablarán de ampliar la ayuda alimentaria. Los países del sur hablarán de acuerdos comerciales globales más justos y de garantizar precios más altos para sus productos. Puede que incluso se debata sobre la necesidad de reformar las explotaciones agrarias en los países pobres. Lo que probablemente estará prácticamente ausente en los debates serán las preferencias alimentarias de los consumidores más ricos del mundo, que prefieren comer en el punto más alto de la cadena alimentaria mundial con dietas ricas en carnes grasas alimentadas con cereales, mientras sus semejantes del tercer mundo se mueren de hambre porque la mayor parte del suelo agrícola se utiliza para cultivar piensos para animales. Hace ya mucho tiempo que deberíamos haber iniciado un debate global sobre cómo promover una dieta vegetariana, diversificada y rica en proteínas para el ser humano.

Así que, cuando, el jueves, los delegados oficiales y las ONG finalicen sus reuniones diarias en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de la FAO y se sienten para cenar, la verdadera política alimentaria estará ahí, ante ellos, en sus platos.

Jeremy Rifkin es el autor de 'Beyond beef: the rise and fall of the cattle culture' (Plume, 1992). Además, es presidente de la Fundación sobre Tendencias Económicas de Washington, DC.

domingo, 30 de septiembre de 2007




El sudafricano Kevin Carter tomó en Ayod (Sudán) esta fotografía, que fué publicada en el 23 de marzo de 1993 por el New York Times y le valió el Premio Pulitzer del año 1994 a la mejor fotografía periodística. Se trataba una niña, que se dirigía a un puesto cercano de O.N.U. a pedir comida y agobiada por el hambre y la sed era acosada por un buitre que esperaba su muerte para comer sus restos. Kevin estuvo 15 minutos a una distancia prudencial esperando que el buitre abriera las alas para lograr una toma mítica, pero como esto nunca ocurrió decidió tomar la fotografía y espantar al buitre, lo que pasó después no está claro, he leído opiniones disímiles sobre el destino de la niña, en algunos lugares se publica que Carter se fué tras espantar al buitre sin saber nunca más nada y otra versión indica que la niña se recuperó y pudo seguir su camino (según el mismo Kevin), en cualquiera de los dos casos me estremece la sangre fría del fotógrafo para no socorrer a la niña por la ambición de conseguir una buena foto.Tiempo después de que su fotografía recorriera el mundo, Carter se mostraba sorprendido cuando todo el mundo al ver su fotografía lo primero que atinaban a preguntarle era qué había sido de la niña y porqué no la ayudó, en lugar de las preguntas artísticas de rigor. Tras la muerte de su amigo Ken Oosterbroek y, según muchos allegados, agobiado por la culpa, Carter se suicidó el 18 de abril de 1994.

viernes, 10 de agosto de 2007

Ampliación al problema de fisica de Niels Bohr.

Fragmento de un comentario de Adrián Paenza publicado en el diario Página 12

Un profesor, es quien asume –entre sus tareas– la de averiguar si los alumnos estudiaron, se prepararon, si comprendieron, si dedicaron tiempo y esfuerzo... En pocas palabras: si “saben”. Pero en general, nos debemos a nosotros mismos una pregunta: ¿los interesamos antes? ¿Quién tiene ganas de dedicar su tiempo, su energía y esfuerzo a algo que no le interesa? ¿Sabemos los docentes despertar curiosidades? ¿Quién nos preparó para eso? ¿Quién nos enseñó o enseña a generar apetito por aprender? ¿Quién se preocupa por bucear en los gustos o inclinaciones de los jóvenes para ayudarlos a desarrollarse por allí?
Haga una prueba: tome un niño de tres años y cuéntenle cómo se concibe una criatura. Es muy posible que si usted tiene buena sintonía con el niño, él lo escuche, pero después salga corriendo a jugar con otra cosa. En cambio, si usted hace las mismas reflexiones delante de un niño de seis o siete años, verá cómo el interés es diferente, la atención es distinta. ¿Por qué? Porque lo está ayudando a encontrar la respuesta a una pregunta que él ya se hizo. El mayor problema de la educación es que los docentes dan respuestas a preguntas que los estudiantes no se hicieron; tener que tolerar eso es decididamente muy aburrido.
¿Por qué no probamos al revés? ¿Puede todo docente explicar por qué enseña lo que enseña? ¿Puede explicar para qué sirve lo que dice? ¿Es capaz de contar el origen del problema que llevó a la solución que quiere que aprendamos? ¿Quién dijo que la tarea del docente es sólo dar respuestas? La primera cosa que un buen docente debiera hacer es tratar de generar preguntas. ¿Usted se sentaría a escuchar respuestas a preguntas que no se hizo? ¿Lo haría con ganas? ¿Lo haría con interés? ¿Cuánto tiempo le dedicaría? ¿Por qué lo haría? Quizás, para cumplir, por elegancia, por respeto, porque no le queda más remedio, porque está obligado por las circunstancias, pero trataría de escapar de la situación lo más rápido posible. Los jóvenes o los estudiantes no pueden.
En cambio, si uno logra despertar la curiosidad de alguien, si le pulsa la cuerda adecuada, el joven saldrá en búsqueda de la respuesta porque le interesa encontrarla. La encontrará solo, se la preguntará al compañero, a los padres, a otros profesores, la buscará en un libro... no sé. Algo va a hacer, porque está motorizado por su propio interés.
La situación, vista desde un alumno, podría resumirse así (con la exageración que necesito para poder dar énfasis a lo que pienso): “Por qué estoy obligado a venir en el momento que me dicen, a pensar en lo que me dicen, a no mirar lo que otros escribieron y publicaron al respecto, a no poder discutirlo con mis compañeros, a tener que hacerlo en un tiempo fijo y encima puede que me sorprendan con preguntas sin darme tiempo para preparar las respuestas?”.
Puesto todo junto, ¿no luce patético? Es probable que varios alumnos no logren nunca resolver los problemas del examen que tienen delante, pero no porque desconozcan la solución, sino porque quizá no lleguen nunca a superar todas las vallas que vienen antes.
Desde el año 1993 estamos haciendo una experiencia en la Competencia de Matemática que lleva el nombre de mi padre. Los alumnos de todo el país que se presentan a rendir la prueba pueden optar por anotarse en pareja. Esto es: si quieren, pueden rendir individualmente, pero si no, pueden elegir un compañero o compañera para pensar los problemas en conjunto, buscarse alguien con quien discutir y polemizar los ejercicios. Este método, ¿no se parece más a la vida real? ¿No nos llenamos la boca diciendo que tratamos de fomentar el trabajo en grupo, las consultas bibliográficas, las interconsultas con otros especialistas, las discusiones, los foros, los debates... en el mundo de todos los días? ¿Por qué no tratamos de reproducir estas situaciones en la ficción de un aprendizaje circunstancial?
Si la relación interactiva docente-alumno funcionara efectivamente como tal, no entiendo las pruebas con sorpresas. ¿No es suficiente esa relación que dura meses para detectar quién es el que entendió y quién no? ¿Hace falta como método didáctico tirarles la pelota como si estuvieran jugando al “distraído”? Estos sistemas de examinación tienen un fuerte componente de “desconfianza”. Pareciera que el docente sospecha que el alumno no estudió o que no sabe, o que se va a copiar, y entonces lo quiere descubrir. Y allí empieza la lucha. Una lucha estéril e incomprensible, que exhibe la disociación más curiosa: “nadie pelearía contra quien lo ayuda ni trataría de engañarlo”.
Quizás el problema ocurra porque el alumno no logra descubrir que la relación está dada en esos términos, y como la responsabilidad mayor pasa por los que estamos de este lado, no hay dudas de que los que tenemos que cambiar somos nosotros.
No propongo el “no examen”. Es obvio que para poder progresar en cualquier carrera, en cualquier estadio de la educación, uno tiene que demostrar –de alguna forma– que sabe lo que debería saber. Eso está fuera de discusión. Discrepo con la metodología, me resisto a este “tipo” de examen, sencillamente porque no tengo claro que mida lo que pretende medir.
De lo que sí estoy seguro es de que en este siglo habrá muchos cambios al respecto. Pero hace falta que empecemos. Y una buena manera de empezar es empezar por casa, discutiendo por qué enseñamos lo que enseñamos, por qué enseñamos “esto” en lugar de “esto otro”, para qué sirve lo que enseñamos, “qué preguntas contesta lo que enseñamos” y aún más importante: “¿quién hizo las preguntas: el alumno o el docente?”.La formación de nuestros estudiantes está –en parte– en manos de los docentes. El Estado tiene en sus manos que vulnerar la hipocresía histórica de decir que lo que más le interesa es la educación y después hace poco por ella. Crear centros de capacitación acordes con esta lógica es el primer paso. Pero proveer mejores condiciones de trabajo y pagar sueldos no sólo “dignos”, sino los mejores, es una obligación para el futuro inmediato. Cualquier otra cosa es “más de lo mismo”.
LES ADJUNTO UN ARTICULO PARA LEER, QUE MUESTRA LO QUE PIENSO RESPECTO DE LO QUE ES Y LO QUE DEBE BRINDAR LA ENSEÑANZA
SALUDOS
DR FERNANDO F FLORES

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nóbel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:
Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física, pese a que éste afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesor y estudiante acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía:
"Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro."
El estudiante había respondido:
"Lleva el barómetro a la azotea del edificio y átale una cuerda muy larga. Descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio."
Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.
Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que el problema tenía muchas respuestas. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara.
En el minuto que le quedaba escribió la siguiente respuesta:
"Toma el barómetro y déjalo caer al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronómetro; después se aplica la fórmula:
Y así obtenemos la altura = el edificio."
En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.
Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.
Bueno, me respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, tomas el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.
Perfecto, le dije, ¿y de otra manera?
Sí, contestó, este es un procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve. En este método, tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura. Este es un método muy directo.
Por supuesto, si es lo que quiere, este es un procedimiento más sofisticado: puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio.
En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de precisión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras.
Probablemente, la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.
En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares).
Como era de esperarse, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.
El estudian e se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nóbel de Física en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente uninnovador de la teoría cuántica.